Relato de un superviviente

   No los vimos llegar, señor.

   Todo parecía ir bien; los miembros del reino atendían a sus quehaceres cotidianos. En unos lugares se comentaban los nuevos descubrimientos en la desencriptación de las antiguas reliquias, en otros la fantasía de los cuentacuentos volaba, mientras urdían historias de traiciones en Ruanon, y ataques de jinetes poderosos. La plaza del mercado bullía de actividad tras el descubrimiento de un nuevo filón por parte de un mago oscuro, y en las bibliotecas, los escribas corregían sin parar los errores tipográficos que encontraban. La nobleza, un tanto aburrida, había decidido organizar una lectura de reliquias para combatir el tedio y celebrar glorias pasadas, y en el manicomio, los locos no dejaban de hacer alusiones a un nuevo mal llamado off-topic. Nada parecía indicar la llegada del desastre, pero éste llegó sin avisar.

   Al igual que en el eclipse que acabábamos de admirar, el sol se apagó, la luz murió y un ligero zumbido comenzó a resonar por todos los rincones del reino. Poco a poco, el zumbido aumentó de grado hasta convertirse en un estruendo ensordecedor. Desde el cielo, cual plaga de insectos, unas extrañas criaturas empezaron a bajar en picado atacando sin cesar a la población. Hacíanse llamar "virus", y destruían todo aquello que se interpusiera en su camino. Los primeros en caer fueron los cuentacuentos, después les siguieron los escribas y la nobleza. Y el caos llegó cuando la plaza del mercado sucumbió antes este nuevo ataque. Nada parecía funcionar.

   Intentamos combatirlos, y conseguimos rechazarlos dos veces, pero nuestras armas parecían no afectarles demasiado, puesto que una vez tras otra volvían a caer sobre nosotros. Yo veía morir a mis compañeros por todas partes. Gritos de terror, rabia, dolor, angustia e impotencia se dejaban escuchar desde todos los lugares. Maese Lind-el-ion intentó organizar una resistencia, llamando a todos los acólitos de su Aquelarre, e incluso el Gran Ninja, ajeno casi por completo a los asuntos del reino durante la última época, pareció despertar de su meditación y unirse a la lucha. Pero todo fue en vano. La tercera oleada nos arrasó por completo.

   Aquellos que pudimos sobrevivir al desastre vagamos sin rumbo en el exilio, intentando rescatar todo aquello que nos fue posible. Restos de las reliquias aparecían sepultados entre pedazos de carne y polvo de huesos machacados. El espectáculo era dantesco. Lo que antes había sido un reino próspero y floreciente aparecía ante nuestros ojos como una tierra yerma, desprovista de toda vida. Toda esperanza huía cual virgen entre salteadores.

   Por iniciativa propia decidí encaminar mis pasos hacia las ruinas de lo único que parecía sostenerse en pie tras el apocalipsis: El templo del eleseísmo ó LSEWEB. Allí, en el tablón de anuncios, encontré una nota escrita de puño y letra de su majestad Brown I, donde se citaba a todos los buenos habitantes del reino que hubieran conseguido sobrevivir al desastre, en el oasis "cincouvesdoblesentrecincos", para intentar desde allí iniciar la contraofensiva que nos devuelva el reino, o morir en el intento.

   Y tras varias semanas de viaje, aquí me hallo, dispuesto a luchar otra vez en busca de un lugar al que llamar hogar.